Ir al contenido principal

Entradas

El último de los dodos

—¡Corran, niños, corran! —grita mamá mientras se abre paso con dificultad entre el espeso follaje del húmedo bosque. Tras ella vamos mis dos hermanos y yo.  No sabemos por qué corremos ni tampoco quién nos persigue. Pero jamás hemos dudado de mamá, y no comenzaremos a hacerlo ahora. Quizá nos están dando caza los demonios lampiños, o tal vez sus pequeñas versiones amantes de los cangrejos. No importa. Quien sea es peligroso para nosotros, los inútiles "dodos"... Odio que nos llamen así. ¿Qué no saben que nuestro verdadero nombre es...? —¡Zancadas largas, mis niños! Hay "canes" persiguiéndonos, si alguno nos llega a pescar, podemos irnos despidiendo de esta bella vida. ¿Bella? ¿Está hablando en serio? ¡Siempre estamos huyendo! Todos nos detestan, y no hay día en que alguien no intente cazarnos. Ella cree que no lo vi, pero fui testigo de cómo los demonios lampiños dieron cuenta de papá... —¡Ahí! Nos ocultaremos en esa pequeña cueva. ¡Corran con todas sus f...

Blanco, verde y rojo

Blanco, verde y rojo –¡Cuidado, hermana Consuelo! Nomás hay que asar los chiles, ¡no chamuscarlos! ¬– exclamó la madre Agustina, que vigilaba de cerca toda la actividad en la cocina sin descuidar el meticuloso pelado de las nueces de Castilla. –¡Perdón, madre! Pero es que me pone muy nerviosa el saber que nos visitará el General Iturbide… –Pues nerviosa o no–advirtió la monja superiora–, debes de poner el máximo empeño en la cocina. Recuerda que el fuego es voluble, y en segundos pasa de ser diligente amigo a fiero enemigo. La religiosa asintió con presteza y fijó la vista en las flamas rojiazules que despedía el fogón. Junto a ella, la hermana Beatriz cortaba fruta a gran velocidad. Plátano macho, durazno y manzana formaban pequeños montones sobre la superficie de una vieja tabla para picar que había visto mejores tiempos. El olor que despedía la fruta fresca invadió la habitación, y pronto se mezcló de forma muy singular con el aroma que emanaba de los enormes chiles asados. ...

Jurakán

Jurakán ¿Quién me ha despertado? ¿Por qué han interrumpido mi sueño? ¿Por qué hoy? ¿Por qué ahora? No logró comprender qué está ocurriendo. Me siento lleno de fuerza y vigor, pero también de furia, ansiedad, y rencor… La cabeza me da muchas vueltas; ¿Qué ha pasado durante este tiempo? ¿Cuántas eras permanecí dormido? ¿Una? ¿Dos? ¿O tal vez solo fue un instante? Un minúsculo parpadeo divino, una breve siesta cósmica, un pequeño descanso bien merecido… ¿Será? ¿En verdad he vuelto a la vida? ¿O solo se trata de una burda ilusión? Un juego, una patraña, una más de las ingratas mentiras humanas… No, esta vez es diferente, puedo sentirlo; centenas de imponentes nubes flotan a mi alrededor, formando círculos perfectos en torno a mi persona; poderosos y veloces vientos oscilan entre mis brazos y torso, haciéndome sentir nuevamente como el magnífico dios que una vez fui: el gigante de una sola pierna, la bestia que hacia girar al viento y la lluvia, el amo del caos y la destrucción: El ...

¿Quién será el siguiente?

¿Quién será el siguiente? -Ciudad de México, 2041- –Dígame, Sr. Vazquez, ¿por qué A.D.E.L.A? – inquirió uno de los miembros más viejos del consejo, el que acostumbraba usar corbata de moño con detalles prehispánicos. –Es un acrónimo. Significa “Analista de Desempeño Estadístico Lineal Avanzado”. Las risas se apoderaron del salón. No hubo un solo miembro del consejo que no riera ante la “ocurrencia” de Leandro Vazquez, el asesor estrella de “Soluciones Informáticas Kukulcán”. Inclusive algunas de las malintencionadas risas desembocaron en carcajadas. Como  buen Vendedor, Leandro supo mantener el temple y aguardar por el final de las infundadas burlas. Cuando los directivos se cansaron de reír, esbozó su mejor sonrisa y retomó su discurso: –Y, evidentemente, tomamos el mito de la “Adelita” como inspiración para crear a nuestro robot. Al igual que la legendaria soldadera, nuestra A.D.E.L.A es capaz de soportar interminables jornadas de trabajo y solicitudes extenuantes, lidia...

Una noche para la venganza

Al fin, después de tantos años, puedo mirarlo a los ojos una vez más. Solo que en esta ocasión, todo será diferente. La última vez me tuve que comer mi coraje. Saturé mis venas de decepción e impotencia, y aunque tenía ganas de llorar a moco tendido, me aguanté como los machos y no dejé escapar más que una sola lagrima. Y esa fue suficiente para que ese infeliz me llamara "chamaco chillón". Todavía recuerdo la risa de ese tipo nefasto señalándome. Lo miré a los ojos y todo quedó bien claro. El no sentía el más mínimo remordimiento por haber matado a mi papá. "Así eran las luchas" dijo. Se dio la vuelta y se encaminó a los vestidores como si nada hubiera pasado, mientras mi papá yacía tirado en el suelo, con un charco de sangre rodeando su cabeza. La prensa se dividía entre los que querían fotografiar al nuevo campeón de los pesos pesados y los que querían llenar la primera plana de sus diarios con una imagen del todavía fresco cadáver. Así eran las luc...

Gorgoneion

–Gorgona-3, ¿todo se encuentra bien ahí abajo? – exclamó una voz apenas comprensible debido al ruido de fondo producido por la estática. –Todo transcurre de acuerdo al programa– respondió Medea mientras presionaba con fuerza la antena receptora de su casco. – Durante los últimos ciclos no he recibido visita alguna de especímenes humanos; al parecer la leyenda de la “Medusa” ha surtido efecto tanto en lugareños como en aventureros. Si el entorno permanece libre de alteraciones en el futuro inmediato, seré capaz de terminar el análisis geológico solicitado por la comandante Hécate. –De acuerdo, Gorgona-3. Trabaja con la mayor celeridad posible; recuerda que por cada ciclo ctónico percibido por nuestro cuerpo, transcurren 30 años humanos. Llevas ahí abajo 7.3 ciclos, de los cuales 5 han estado libres de interrupciones humanas. Si atendemos a las leyes de la probabilidad, es altamente posible que recibas “visitas” inesperadas durante el próximo ciclo. Además, ten en cuenta que nuestros...

Terror en el agua

–¡No se acerquen al río! Al menos no esta noche – dijo el Capitán Amacopilli en un tono que no admitía discusión. Los guerreros inclinaron la cabeza y se dieron la vuelta decepcionados. Esperaban relajarse un poco en el agua después del entrenamiento de aquel día. Amacopilli los miró fijamente hasta que todos abandonaron la pequeña playa. Era su deber como noble y campeón, proteger la vida de sus soldados, incluso del daño que pudieran provocarse ellos mismos. Cuando estuvo bien seguro de que ya nadie permanecía en el lugar, le dio la espalda al rio y respiró muy hondo. Está campaña lo estaba agotando. A sus 45 años le era cada vez más difícil ponerse el casco de águila y saltar como un loco en la primera línea del campo de batalla. Tal vez después de conquistar este último bastión totonaca el venerable Huey Tlatoani le permitiera retirarse y vivir una vida apacible en su casa a las faldas del ancestral Popocatépetl. Si, soñaba con un futuro mejor, uno donde la guerra fuera so...