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Mostrando las entradas etiquetadas como perros

Guardianes del Tíbet

Bajo el cálido manto de un nutrido grupo de estrellas, Didi contempla absorto la infinita noche. Relajado, pero en constante estado de alerta, bufa cuando una fría corriente de aire choca contra su nariz, y alza las orejas por instinto, aguzando el oído para detectar el más mínimo cambio en el entorno. Orgulloso de su rol como guardián nocturno, mira con cierta condescendencia a Hei-lang, el imponente y fiero mastín tibetano que duerme plácidamente en el piso inmediato superior a su residencia. Sus ronquidos, tan grandes como su colosal envergadura, se suceden en compás junto con el canto de los grillos, quienes, a pesar del frío, continúan chirriando como si el mundo les debiera legitima obediencia. Mas pocos ruidos hay salvo el par antes descrito. Didi suspira y se congratula a si mismo por tener otra noche tranquila en la montaña. No porque le molesten la aventura o el peligro (todos saben bien que los Lhasa Apso son los canes más valientes en esta tierra), sino porque es mejor...

El día de todos los santos

Luz. Una curiosa y endeble luz aparece frente a mis ojos. Me despierta. No lo comprendo. Creí que esta vez dormiría para siempre. ¿Qué es? ¿Por qué aparece ahora? Pensé que ya todo había terminado. Luz. Otra vez. Esta ocasión es más fuerte. Me deslumbra. Mis ojos no la resisten, aunque se sienten extrañamente atraídos hacía ella. La observó con ansias. Después de unos segundos, me habitúo a la claridad nuevamente. La luz cobra forma y deja de ser un resplandor difuso. Es una llama. Pequeña pero poderosa. La curiosidad me invade, ¡quiero ir a verla de cerca! Miro mis patas. Lucen como antes, ¡Llenas de pelo! ¡Llenas de vida! Doy algunas vueltas para ver si mi cola sigue ahí... ¡Ahí está! ¡Vuelvo a verme como un alegre perro! ¡No puedo creerlo! ¡Estoy vivo otra vez! Es maravilloso, veré a mi familia nuevamente, voy a besar sus rostros hasta cansarme, y me voy a acostar sobre ellos para que no vayan a ningún lado sin mí. Hay algo que intenta atraer mi mirada hacía el suelo. No...

Un día de suerte

Hoy me levanté con la pata derecha. Apenas abrí los ojos me empezaron a suceder cosas buenas; por alguna extraña y curiosa razón, amanecí calientito. Desperté completamente cubierto por una prenda humana de corte afelpado y agradable olor. No sé si cayó desde una ventana, ni tampoco si alguien simplemente la tiró por considerarla basura, o si alguien la perdió sin siquiera darse cuenta. Yo prefiero pensar que un humano compasivo me vio temblando de frio en medio de la oscuridad y se apiado de mí, deshaciéndose de una prenda útil para él, pensando que su regalo me haría pasar una suave y cálida noche. Sí, seguro fue eso. Doblé cuidadosamente mi recién obtenida “cobija”, y me encaminé hacia la avenida. Habitualmente siempre tengo que pasar corriendo como loco cuando paso frente a la tienda, porque la señora de “los tubos” en la cabeza me echa una cubetada de agua helada. Pero hoy no fue así: se los repito, era mi día de suerte.  Cuando apenas iba a encarrerarme para librar el...