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Mostrando las entradas etiquetadas como libertad

La princesa que se cansó de esperar

Miró hacia abajo con desdén. Allá, muy a lo lejos, se alzaban decenas de hermosos arboles llenos de frutos y flores. Parecían danzar con el viento que venía del norte, e incluso algunas veces, si se quedaba muy quieta y dejaba de respirar, podría incluso jurar que murmuraban viejas canciones, compuestas en un tiempo que ya no existe por personas que ya todo el mundo había olvidado. Se frotó la nariz con el pulgar y el índice. Nuevamente el polvo venido de las montañas buscaba hacerla estornudar. Aguantó cuatro, cinco segundos, pero al final el estornudo la venció.  Limpió su nariz con la manga de su vestido y continúo mirando hacia el suelo. No hay muchas cosas que hacer cuando se está encerrada en la torre más alta de un viejo castillo. La única compañía con la que puedes contar es tu propia soledad. Tus pensamientos son tus únicos amigos, aunque a veces también se convierten en tus enemigos. Pensar es lo único que se puede hacer cuando tu miserable existencia s...

Libertad

Mientras el perro corría alegre, jugueteando por los verdes pastos, un lobo se aproximaba lentamente hacia él.  Cuando lo tuvo suficientemente cerca, gruñó y le dijo: —Hermano, ¿por qué odias la libertad? El perro sin entender lo que decía su primo lejano, respondió: —No la odio. Me gusta correr libre como el viento El lobo, con aires de superioridad, le dijo: —Claro que la odias. Vives encadenado a los humanos. Vas a donde ellos van, comes lo que ellos te dan, y por todos los cielos, siempre que te alejas de ellos surge en ti una necesidad enferma de regresar. ¿por qué no te liberas de ese yugo y vuelves con tu manada? El perro caviló un poco y dijo: —¿Crees que debería volver con mi manada y dejarme de tonterías? —¡Por supuesto! — exclamó el lobo entusiasmado. El perro sonrió y se dio la vuelta, trotando feliz hacia la cabaña de los humanos. —¿Qué demonios estás haciendo? —vociferó el lobo. El perro miró hacia atrás una última vez y dijo:  —La libert...

Carrera a la libertad

Después de tirar a su amo, el caballo decidió galopar hacia la libertad. Corrió durante horas sin detenerse.  Dejo atrás los verdes pastos de la granja. Abandonó los deliciosos arboles de manzana y decidió que podía vivir sin su mullido lecho de paja. Galopó hasta que se le secó la garganta. Extrañó por un segundo los frescos cubos de agua que le ofrecían para calmar la sed. Pero continúo avanzando. Sus ojos se nublaron un poco, le faltaba energía. Echó de menos su roca de sal y los dulces pedacitos de azúcar que le daban como premio por haberse portado bien. Pero no detuvo su carrera.  Notó un extraño calor en las patas. La cálida pradera ahora parecía estar hirviendo. Era como si todo quisiera jugar en su contra. Pensó que tal vez era hora de regresar al establo y dormir un poco. Pero pronto recordó que había dejado aquel mundo atrás. Relinchó con furia y lanzó una maldición equina contra sí mismo. Quizá se había equivocado. Sí, estaba sometido a los humanos, pero ...