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Mostrando las entradas etiquetadas como extinción

El juicio

–¡Qué el acusado suba al estrado! – exclamó el juez, con voz ronca y determinada. Adán fue empujado con violencia hacia el banquillo de los acusados, y trastabilló sin querer en el primer escalón. Las risas no se hicieron esperar. Estaba claro que los asistentes al proceso no estaban de su lado. Con la respiración entrecortada y el rostro cubierto por una bolsa negra de plástico, Adán intentaba deducir qué estaba ocurriendo a su alrededor. Nadie le decía nada, y cada pregunta que pretendía hacer era interrumpida por un golpe seco o un espeso escupitajo. Quizá el “juez” le revelara algo cuando por fin alcanzara el estrado… –Tranquilo, amigo. Te acompañaré durante todo el juicio. No te prometo la victoria –de hecho, tendremos suerte si salimos de aquí con vida– pero si te juro que te defenderé hasta el último aliento. –¿Quién carajo eres tú? –preguntó Adán, confundido. –Tu abogado. –¿En serio? ¿Y cómo te llamas? –Magnus. –¡Tienes que estar bromeando! – exclamó–. Magnus es el ...

El último de los dodos

—¡Corran, niños, corran! —grita mamá mientras se abre paso con dificultad entre el espeso follaje del húmedo bosque. Tras ella vamos mis dos hermanos y yo.  No sabemos por qué corremos ni tampoco quién nos persigue. Pero jamás hemos dudado de mamá, y no comenzaremos a hacerlo ahora. Quizá nos están dando caza los demonios lampiños, o tal vez sus pequeñas versiones amantes de los cangrejos. No importa. Quien sea es peligroso para nosotros, los inútiles "dodos"... Odio que nos llamen así. ¿Qué no saben que nuestro verdadero nombre es...? —¡Zancadas largas, mis niños! Hay "canes" persiguiéndonos, si alguno nos llega a pescar, podemos irnos despidiendo de esta bella vida. ¿Bella? ¿Está hablando en serio? ¡Siempre estamos huyendo! Todos nos detestan, y no hay día en que alguien no intente cazarnos. Ella cree que no lo vi, pero fui testigo de cómo los demonios lampiños dieron cuenta de papá... —¡Ahí! Nos ocultaremos en esa pequeña cueva. ¡Corran con todas sus f...

Déjanos en paz

¿Qué es eso? Parece una pared. Un muro fabricado con centenas de cuadros tambaleantes. Ondean curiosos, al compás del agua. No alcanzo a distinguir bien de que están hechos, pero puedo ver a través de ellos. Que ganas me dan de acercarme. Morder uno de esos bordes y descubrir de qué está hecha esa enigmática pared… –¡Sube la red! – dice una voz. Es un gruñido de los salvajes de la superficie. Ese muro es invento suyo. Nada bueno puede salir de esto. Tengo que avisarles a los demás. No deberían de acercarse a este lugar. Asciendo con lentitud para tomar un poco de aire. Solo necesito un par de segundos para respirar. Solo un instante y podré irme de aquí… Toco la superficie y vuelvo a oír la voz: –¡Es una vaquita, mira es una vaquita marina! Miserables. Ya he visto con anterioridad lo que hacen cuando ven a una vaquita. Aspiro profundamente, lleno mis pulmones de aire y desaparezco a gran velocidad. Tengo que salir de aquí cuanto antes, me han descubierto y no puedo arr...