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Mostrando las entradas etiquetadas como fantasmas

Humor negro

–¡Ahí! En el puente – digo en voz baja. –¿Segura, señorita? – pregunta el viejo taxista arqueando las cejas –. Se ve bien peligroso ese lugar, ¿no quiere que la deje más adelante? –¡No! ¡Ahí! – contesto con vehemencia. –Pero, ¿por qué ahí? – dice cuestionándome nuevamente. ­– Porque… ahí fue donde me morí… Apenas termino la frase, el conductor da un volantazo inesperado y el automóvil se vuelca a unos metros de llegar al puente peatonal. El viejo compacto da tres vueltas sobre el pavimento y luego explota levemente. Quizá la volcadura provocó que el tanque de gasolina estallara… ¡Jajaja Jajaja! ¡Otro a la lista! Me felicito a mí misma por otra excelente broma fantasmal, luego me siento en la banca de concreto a la que siempre suelo acudir después de cada accidente, y miro fascinada el bailoteo de las llamas que envuelven al pequeño vehículo. Me parece que a lo lejos se oyen algunos gritos, pero los lamentos humanos nunca me han interesado mucho que digamos, así que ha...

Buinidh urram do'n aois

<<Irlanda, Agosto de 1316>> Aquel día llovía con una fuerza inusual; parecía que el mismo cielo lloraba por la sangre que pronto se derramaría en el suelo. Si alguien me lo hubiera preguntando, le habría dicho que el Todopoderoso nos pedía amablemente que dejáramos la batalla para otro día; que estrecháramos las manos de nuestros enemigos y que hiciéramos a un lado aquella estúpida disputa con la nación predilecta de San Jorge. Desafortunadamente, nadie me lo preguntó. De hecho no hubo una sola persona que me dirigiera la palabra aquel 13 de Agosto, pues yo era un simple “skirmish” o guerrillero novato, y esa era en sí, mi primera batalla real. Tuve suerte de que me dejaran estar al frente, pues con mi nula experiencia, lo más que merecía era un puesto afilando cuchillos y hachas. Con el miedo comiéndome las entrañas y los dientes castañeando producto del frío y el pánico, me envolví en mi viejo abrigo de lana con parches de piel y encaminé mis pasos hacía la línea ...

El fantasma del circuito Suzuka

Japón, 1963 — ¿En verdad no sientes ni una pizca de miedo, Masao? – preguntó el reportero sosteniendo el micrófono con las manos temblorosas —¡Ni un gramo! – respondió el piloto mientras se ajustaba los guantes. — ¡Pero es el número 42! Shi-ni. ¡Shingu! Morir, ¿Qué no te da miedo la muerte? — Todos vamos a morir. Eso no me preocupa. Lo único que habita mi mente en estos momentos es el deseo de ganar. Seré precavido, si, como cualquiera de mis compañeros. Pero no seré temeroso. No le puedo tener miedo a viejas supersticiones, soy un piloto de carreras, no una anciana asustadiza. —Pues… te deseamos suerte. ¡Esperamos otra carrera del gran Masao Asano! —Y la tendrán… — finalizó Masao mientras se ajustaba el casco. Fue lo último que dijo. Luego subió a su auto y lo arrancó para dirigirse a la línea de salida. Era un hermoso día en Nagoya. El sol brillaba con todo su esplendor y la gente en las gradas gritaba emocionada cuando veía pasar los autos de sus ídolos. Sin embargo, u...