Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como perro

Escape del antirrábico

Fue una distracción de un segundo. Un empleado descuidado dejó las puertas del camión abiertas. Salí corriendo como un rayo y nadie pudo darme alcance. Ahí, en el antirrábico de Ecatepec comenzó mi viaje. Atravesé la Vía Morelos sin precaución. Más de cinco autos estuvieron cerca de arrollarme. Pero salí ileso. No miré nunca hacía atrás. Mis patas literalmente volaban cuando crucé el Puente del Arte. Me dolía mucho el estómago y tuve que vomitar una vez. Quizá fue producto de las dos patadas que me tocaron horas antes durante mi captura. Mi “regalito” quedó embarrado en las afueras de la Casa de Morelos. No fue mi intención, me sentía muy mal y no pude evitarlo. Sé que Morelos me lo perdonaría. Seguí corriendo frenéticamente y casi instintivamente di la vuelta en la Avenida 30-30. Subí el puente vehicular con el pavimento quemándome las patas. No dejé de avanzar hasta que vi el jardín de la Escuela Normal. Me trepé como pude en el puente peatonal y conté cien escalones de sub...

Me envió Aníbal

Mi primer recuerdo aunque confuso, es el que permanece más completo en mi memoria hasta el día de hoy. Es curioso, ni siquiera había nacido aún. Todo era calor y comodidad en aquel entonces. Vivía en una bolsita dentro de mi madre. No me preocupa por qué comer, ni por salir a caminar, ni mucho menos por jugar o no hacerlo. Solo flotaba por ahí, como en un limbo de nubes, yendo de un lugar a otro sin pensar en nada más. Aquel día creí que sería otro como tantos, sin exabruptos y pura felicidad. Andaba por ahí, con mis ojos bien cerrados, disfrutando de la paz que me ofrecía mamá, cuando una voz ronca hizo eco en mis pensamientos y me asustó. Al principio no lo comprendí bien. Después empecé a captar algunas palabras, luego hilé algunas frases y al final podía decir que casi lo comprendía todo. –Cachorro, ¿Puedes escucharme? ¡Cachorro! ¡respóndeme! –Sí… sí… entiendo… ¿Quién eres? ¿O que eres? ¡no puedo verte! –Tranquilo. Me manifestaré ante ti, y podrás conoce...

Libertad

Mientras el perro corría alegre, jugueteando por los verdes pastos, un lobo se aproximaba lentamente hacia él.  Cuando lo tuvo suficientemente cerca, gruñó y le dijo: —Hermano, ¿por qué odias la libertad? El perro sin entender lo que decía su primo lejano, respondió: —No la odio. Me gusta correr libre como el viento El lobo, con aires de superioridad, le dijo: —Claro que la odias. Vives encadenado a los humanos. Vas a donde ellos van, comes lo que ellos te dan, y por todos los cielos, siempre que te alejas de ellos surge en ti una necesidad enferma de regresar. ¿por qué no te liberas de ese yugo y vuelves con tu manada? El perro caviló un poco y dijo: —¿Crees que debería volver con mi manada y dejarme de tonterías? —¡Por supuesto! — exclamó el lobo entusiasmado. El perro sonrió y se dio la vuelta, trotando feliz hacia la cabaña de los humanos. —¿Qué demonios estás haciendo? —vociferó el lobo. El perro miró hacia atrás una última vez y dijo:  —La libert...