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Kamikaze

El único momento memorable en una arena de toros se da cuando el bovino ha sido "indultado", pues con ese logro el supuesto "animal" le da una valiosa lección a los humanos. La mal llamada "bestia" ha triunfado y ha demostrado ser más noble y valiente de lo que ellos jamás podrán ser... Los dejo con la historia real de un toro que logró evadir la muerte. -------------------------------------------------------------- Despierto de un profundo sueño. Un griterío incesante me taladra los oídos. Parece que hay una fiesta allá afuera. Siento una caricia en el lomo. Me piden que espere.  ¿Esperar? ¿A qué o a quién? Más caricias. Me desespero. No pienso aguardar más. Voy a ver que hay más allá, donde la luz hace que la arena hierva… ¡Allá voy! De un salto libro la cerca. Respiro fuerte y arrastro las patas en la arena para hacer notar mi llegada. Eso asusta a los caballos, eso asusta a los humanos… dos jinetes salen a mi encuentro, tratan de atacarme ...

Dos muertes Dos

El siguiente relato se presenta en forma de carta. Es el último mensaje que una abuela española deja a sus hijos y nietos. A veces las mejores herencias no son ricas en monedas, pero si lo son en letras... ---------------------------------------------------------------------- Queridos nietos: Hubiera querido heredarles algo más que trapos viejos y cacharros descompuestos. Quizá alguna joya familiar de extrema belleza e inmaculada historia. Tal vez alguna obra de arte que mostrará los tiempos felices que viví en mi niñez, o los graves que viví cuando era una jovencita casadera. Pero no tengo nada de eso. Nunca lo tuve, y vista la situación, tampoco lo tendré. Pero aunque mi vida fue pobre, mi historia sigue siendo rica. Quizás ahí reside mi auténtico legado, en una de tantas memorias que aún flotan perennes en mi cerebro senil. Sepan que siempre fui libre. Que nunca fui súbdita de un rey, prisionera de una república en pañales, ni esclava de una dictadura que amenazaba con ser e...

Promesa cumplida

Lamento haber tardado tanto, pero mi viaje fue largo y tortuoso. Recorrí miles de estrellas en busca de la verdad, conocí centenas de mundos diferentes en los que me llamaron de millones de formas distintas y salté de planeta en planeta esquivando numerosos asteroides que amenazaban con terminar mi existencia. En el proceso regué mis plumas turquesa por el espacio dando nacimiento a nuevas y numerosas estrellas en el firmamento. Mi piel se deshizo y rehízo infinitas veces, consumiéndose tantas veces en el vació espacial que llegó un día en que incluso olvidé mi propio nombre. Fueron sus plegarias y alabanzas viajando a través del cosmos las que lograron sacarme de aquel cuasi eterno sopor. Si, mis queridos hijos, aun tan lejos de ustedes, logré escucharlos. Sus gritos taladraron mis oídos de serpiente, y sus numerosos rezos se adhirieron a mi piel reconstruyendo una a una todas mis plumas. Decenas de cometas y meteoros pasaron frente a mí mientras descifraba su curioso mensaj...

Guerrera

–¡Puja, Tzitzitlini! ¡Puja! – dijo una mujer con el ceño fruncido y la frente llena de sudor. –¡Eso hago, tene! ¡Eso hago! Pero siento que la cabeza me estallará en cualquier momento –respondió la joven que se hallaba en plena labor de parto, tendida sobre el áspero manto de arpillera. –¡Puja, mi “florecita”, ya casi lo logras! ¡Es tu primera semilla en este mundo! ¡Puja! –Ya ha transcurrido mucho tiempo, tene. ¿Segura que todo está bien? Me estoy sintiendo mareada… Tene, ¿qué está pasando? Ya casi no la veo… Un inesperado manto de sombras cubrió los ojos de la jovencita. En apenas un instante perdió la noción del tiempo y el espacio. Sus dolores, antes insoportables, ahora le parecían ajenos y  lejanos, como un sueño imposible de recordar. Las instrucciones de su vieja madre, alguna vez claras y sonoras, se habían convertido en un simple murmullo ahogado en la inmensidad. Y su cuerpo, que hace solo unos segundos ardía en fiebre y amenazaba con resquebrajarse, ahora solo flota...

Los deseos de un gato

Qué suerte tiene ese miserable. Echado sobre su cálida cama, arropado entre una multitud de cobijas y con un compañero de felpa calentando su lomo.   No hizo nada para ganarlo, y sinceramente, dudo que se lo merezca. De vez en cuando lo veo mover la cola como loco; cuando le acercan una mano o un rostro da lengüetazos a diestra y siniestra, e incluso a veces corre tras una vieja pelota.   Pero fuera de eso, no creo que ese perro tenga mucho mérito que digamos. Es solo un perro. Nada más que eso. Quizá por eso lo envidio tanto, porque tiene todo aquello que yo deseo poseer. Sé bien que los gatos no somos los favoritos de nadie, pero no me caería mal una caricia en la espalda. Un plato de esas dulces galletas con forma de pescado, y ¿por qué no? Un poquito de agua dulce en lugar de la eterna agua de charca. Pero qué más da. Él está adentro y yo estoy afuera. Así es como siempre será… Ya se durmió, justo cuando comenzó a nevar… Voy a dormir también. Seguro m...

Me envió Aníbal

Mi primer recuerdo aunque confuso, es el que permanece más completo en mi memoria hasta el día de hoy. Es curioso, ni siquiera había nacido aún. Todo era calor y comodidad en aquel entonces. Vivía en una bolsita dentro de mi madre. No me preocupa por qué comer, ni por salir a caminar, ni mucho menos por jugar o no hacerlo. Solo flotaba por ahí, como en un limbo de nubes, yendo de un lugar a otro sin pensar en nada más. Aquel día creí que sería otro como tantos, sin exabruptos y pura felicidad. Andaba por ahí, con mis ojos bien cerrados, disfrutando de la paz que me ofrecía mamá, cuando una voz ronca hizo eco en mis pensamientos y me asustó. Al principio no lo comprendí bien. Después empecé a captar algunas palabras, luego hilé algunas frases y al final podía decir que casi lo comprendía todo. –Cachorro, ¿Puedes escucharme? ¡Cachorro! ¡respóndeme! –Sí… sí… entiendo… ¿Quién eres? ¿O que eres? ¡no puedo verte! –Tranquilo. Me manifestaré ante ti, y podrás conoce...

Déjanos en paz

¿Qué es eso? Parece una pared. Un muro fabricado con centenas de cuadros tambaleantes. Ondean curiosos, al compás del agua. No alcanzo a distinguir bien de que están hechos, pero puedo ver a través de ellos. Que ganas me dan de acercarme. Morder uno de esos bordes y descubrir de qué está hecha esa enigmática pared… –¡Sube la red! – dice una voz. Es un gruñido de los salvajes de la superficie. Ese muro es invento suyo. Nada bueno puede salir de esto. Tengo que avisarles a los demás. No deberían de acercarse a este lugar. Asciendo con lentitud para tomar un poco de aire. Solo necesito un par de segundos para respirar. Solo un instante y podré irme de aquí… Toco la superficie y vuelvo a oír la voz: –¡Es una vaquita, mira es una vaquita marina! Miserables. Ya he visto con anterioridad lo que hacen cuando ven a una vaquita. Aspiro profundamente, lleno mis pulmones de aire y desaparezco a gran velocidad. Tengo que salir de aquí cuanto antes, me han descubierto y no puedo arr...